Objetivos del Milenio

El 7 de julio hace exactamente siete años que la comunidad internacional acordó reducir a la pobreza a la mitad con los llamados Objetivos del Milenio. ONG españolas agrupadas en la plataforma ‘2015 y más’ analizan los retos pendientes.
Plataforma ‘2015 y más’* (07/07/2007)
El próximo 7 de julio se cumple la mitad del plazo acordado por todos los Jefes de Estado y de Gobierno del mundo para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), los cuales incluyen metas como reducir a la mitad la proporción de personas que pasan hambre o sobreviven con menos de un dólar diario, alcanzar la escolarización universal de todos los niños y niñas, y detener las epidemias del SIDA, la malaria o la tuberculosis, entre otras.

La Alianza Española contra la Pobreza denuncia que los gobiernos firmantes no están cumpliendo con sus promesas y que de seguir las actuales tendencias, en el mejor de los casos los ODM –un compromiso de mínimos– tan sólo alcanzarán un 50% de lo previsto; y en el peor de los casos el panorama mundial habrá empeorado porque la pobreza extrema y falta de oportunidades afecta cada día a un mayor número de personas.

La Alianza Española contra la Pobreza exige cambios de relevancia en las políticas económicas que permitan un desarrollo humano, equitativo y sostenible para todo el Planeta. Mientras no se sustituya el actual modelo de desarrollo basado en el crecimiento económico depredador e insostenible, las promesas de reducción de la desigualdad y la pobreza serán ilusiones vanas.

A la mitad del camino, persiste la resistencia a los cambios necesarios

De seguir así los ODM no se cumplirán, entre otras cosas por la falta de compromiso de los gobiernos de los países enriquecidos y las instituciones financieras internacionales. A pesar de que algunas voces pregonan el buen estado de la economía mundial argumentado con cifras de crecimiento anual sostenido, lo cierto es que dicho crecimiento se sustenta en un modelo de desarrollo que sólo beneficia a un reducido grupo de países y de intereses particulares, que tiene un negativo impacto en el medioambiente y perpetua desequilibrios dramáticos para gran parte de la población mundial, alcanzando cotas de insostenibilidad que amenazan la vida en el planeta. De nuevo, los más vulnerables son los más empobrecidos.

“Los gobiernos firmantes no están cumpliendo con sus promesas y que de seguir las actuales tendencias, en el mejor de los casos los ODM tan sólo alcanzarán un 50% de lo previsto”

Este modelo de desarrollo es profundamente antidemocrático, porque no representa ni tiene en cuenta a las mayorías que se ven arrojadas a la exclusión y a la miseria, mientras las élites económicas gastan toda la energía y recursos disponibles, utilizando el planeta como un vertedero para sus desechos obteniendo además inmensos beneficios. Las instituciones responsables de la supuesta “gobernanza” mundial y las Instituciones Financieras Internacionales orgánicamente dominadas por los gobiernos de los países enriquecidos, defienden intereses de los grandes capitales privados, perpetuando la injusta situación.

Así, las economías de los países del Sur se ven acorraladas ante la trampa de la deuda externa, la imposibilidad de invertir en sus necesidades sociales y la obligatoriedad de desregular y desproteger sus economías para permitir el acceso franco del capital, de los productos y de los servicios del Norte.

En contraste, las corporaciones de capital transnacional se ven beneficiadas por las enormes medidas proteccionistas sólo permitidas a los mercados de la UE, EEUU y Japón.

Así, la Organización Mundial de Comercio (OMC) establece su agenda y sus acuerdos en función de los intereses del mismo capital transnacional, impidiendo a las economías más débiles establecer medidas y políticas de interés general para sus poblaciones, como son la producción y distribución de medicamentos genéricos, la protección de la economía local, el acceso democrático a los recursos naturales o el desarrollo de sistemas públicos de protección social.

En definitiva, cada vez se dispone de más libertad para que unos pocos muevan el capital sin trabas ni impuestos, al tiempo que se establecen más muros para impedir a las personas el derecho a la movilidad. Esta dinámica mundial premia la dimensión consumidora y depredadora del ser humano, en detrimento de la visión del mismo basada en los derechos y su condición de ciudadano.

Noticia tomada de www.canalsolidario.org

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Published by fermosteiro on Julio 12th, 2007 tagged Naciones Unidas, blog, medio ambiente

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